miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL LARGO Y CÁLIDO VERANO

 Sí, yo también estaba un poco harto de ver a Will Smith montado en su supermoto, así que ahí va un artículo sobre lo que he visto durante estos meses en cine y TV:

En TV:

Hell On Wheels. Serie protagonizada por Anson Mount, un hombre con un pasado que le atormenta -no me extraña, fue el galán de Britney Spears en Crossroads- y que, mientras se emplea en la construcción de la mítica Union Pacific, busca a los responsables de la muerte de su esposa allá por 1865. Una historia trufada de venganza, indios, racismo, mugre, topógrafas rubitas, predicadores idos, potentados del ferrocarril con cara de Colm Meaney, irlandeses borrachos, esclavos recién liberados y, por encima de todo, la omnipresencia del Caballo de Hierro llevando el progreso inexorablemente hacia el lejano Oeste. Una serie muy recomendable para todos los aficionados al western, con una gran sintonía además del oscarizado Gustavo Santaolalla, y que cuenta con mi atención para la segunda temporada.



Homeland
Paranoia antiterrorista post 11-S con un reparto de actores que estaban en horas bajas, y que gracias a esta adictiva serie se han reivindicado. Ya sea Claire Danes, muy alejada aquí de la cándida Julieta de Baz Luhrmann en su papel de Carrie, una agente de la CIA tan perspicaz como mentalmente inestable; Damian Lewis, el olvidado pelirrojo de El cazador de sueños y que aquí encarna al sargento Brody, el personaje más interesante y misterioso del plantel; Mandy Patinkin, el Iñigo Montoya en La princesa prometida y a quien no reconocí hasta el segundo episodio en la piel del workaholic Saúl; o la sugerente Morena2 Baccarin, subida a bordo de otra serie tras el fracasado remake de V. Estamos ante la versión USA de la israelí Gideon’s War y que, lejos de ser maniquea separando a los teóricamente buenos -los occidentales- de los malos -los terroristas árabes-, resulta inquietante al mostrarnos que en la vida real nada es o blanco o negro, sino de un turbio gris donde todos somos víctimas del miedo y la intolerancia.

En el Cinema Jove:

Asistí al encuentro con Nacho Vigalondo y Michelle Jenner, donde contaron anécdotas del rodaje de Extraterrestre -más divertidas que la película-, de sus filias y fobias y de su posible salto a Hollywood. Vigalondo también habló de un puñado de films recomendados por él que formaban un miniciclo dentro del festival: Petulia, The Wicker Man, El tren, Las dos caras del Dr. Jekyll etc. Aunque a mi pregunta de por qué había elegido así mismo un truño tamaño XXL como La puerta del cielo, no supo donde meterse, y tuvo que reconocer que de las películas malas también se aprende.

Antes de la charla me hice una foto con la bella Michelle, a la que por fin TVE le ha descongelado la serie de Isabel donde encarna a la famosa Reina Católica de Castilla. Menos mal que no había leído el blog ni mi crítica de Extraterrestre -aunque de ella no dije nada malo, que conste-.


De la sección oficial fui a De bon matin, un drama francés con Jean-Pierre Darroussin, visto en Largo domingo de noviazgo y actor habitual de Robert Guédiguian. La historia de un hombre que trabaja en un banco y una mañana se lía a tiros con sus jefes. Luego en un flash-back nos explican el motivo, y no, no era porque lo tenía todo en preferentes. Un poco densa como casi todas las películas de festival, pero con la que probé a ver si había suerte y la única cinta a concurso que veía era la que ganaba luego, como me pasó en 2011 con la polaca Mall Girls. Pero aquest any no.

También vi la película de clausura, Torpedo, una simpática road movie belga protagonizada por François Damiens -que salía en La delicadeza con Audrey Tatou-. Va de un tipo bastante desastre que gana un premio en unos grandes almacenes consistente en que él y su familia cenen gratis con el gran Eddie Merxx. Pero como nuestro hombre es soltero y sin hijos, decide pagar a una ex novia y al niño de unos vecinos para que se hagan pasar por su esposa y retoño respectivamente, y así poder cobrar el premio…

En el cine:


El caballero Oscuro: La leyenda renace. La película más comentada del verano -antes de la llegada de Prometheus- y que, aunque no estaba a la altura de las dos anteriores de la saga, al menos resultaba digna y no daba cosa presentarla en sociedad, como les debe pasar a los Padrinos setenteros con su hermano pequeño de 1990.

Este broche a la sobresaliente trilogía de Christopher Nolan nos mostraba a un Bruce Wayne 8 años después de El caballero oscuro, medio cojo y retirado estilo Howard Hughes, pero que debía volver a la acción ante la amenaza de un nuevo supervillano en la ciudad: Bane -interpretado, dicen, que por Tom Hardy-, un ciclado de voz cantarina y máscara de oxígeno tapándole la cara y que amenazaba con destruir la paz y a Wall Street -qué pena- junto a un puñado de indignados.

Lo mejor de este Batman 3 era sin duda comentar en tertulia a posteriori esos pequeños detalles que le dan vidilla a una película, como el cameo en el avión del prólogo de uno de los actores de Juego de tronos; la extraña voz de doblaje para Bane -aunque por lo visto calcada del original ¿?-; la polémica sobre si Wayne les tira la cuerda o no a sus amigos de la cárcel tras subir por el pozo -¿y qué hay de la caminata luego desde Oriente Medio a Gotham?-; o ese final tan ultrasecreto para Nolan pero bastante previsible para cualquiera con ojos desde el minuto uno de película.  Decir que la cinta también cumplía rigurosamente una regla no escrita e inventada en las películas de James Bond: si el protagonista tiene dos chicas para elegir, una de ellas será la mala.


Prometheus. O el retorno a la saga Alien de su creador Ridley Scott después de que autores como Cameron, Fincher o Jeunet dejaran su impronta con desiguales resultados –tendrían que haber metido mano también en lo de Alien Versus Predator, a ver-... A medio camino entre la filosofía y la acción, Prometheus es uno de esos films que provocan adhesiones o rechazos instantáneos, sin medias tintas que valgan. A mí particularmente me gustó por las connotaciones filosóficas que plantea sobre el origen de la vida en la Tierra, un tema interesante para todo aquel que haya empezado a oír hace poco palabras como anunakis, draconianos, reptilianos o Nibiru. Y aunque al final el film se dejara llevar más por la acción en perjuicio de la metafísica y acabase formulando más preguntas que las que respondía -normal, uno de los guionistas era Damon Lindelof, el de Lost-, al menos el anunciado viaje al planeta de los ingenieros por parte de los supervivientes se antoja muy promethedor. Una secuela que ya no verá Tony Scott, hermano de Ridley y que se suicidó arrojándose de un puente en Los Ángeles; dejándonos tristemente huérfanos de futuras películas suyas con Denzel Washington. Un Denzel que ganó el Oscar en 2001 junto con Charlize Theron -lo siento, muy cogido por los pelos, pero no sabía cómo hilarlo- y de la cual sorprende en Prometheus la presencia tan intrascendente que tiene su personaje: muy destacado en todos los carteles publicitarios pero en realidad con menos relevancia en la trama que yo como el portero del hotel en Trileros:




El Dictador. La nueva gamberrada de Sacha Baron Coen, que seguía con la tónica habitual de su humor irreverente y políticamente incorrecto, aunque esta vez prescindiendo de la cámara oculta mediante una historia de ficción convencional. La película tenía sus momentos pero al final dejaba la sensación de que era menos divertida de lo que su descacharrante trailer prometía; siendo bastante inferior a Borat o Brüno. Aunque un programa doble de Homeland con esta película sería toda una experiencia kafkiana.



Siguiendo con las comedias, por fin llegó Manolete, una película maldita rodada en 2006 y estrenada en todas partes menos aquí. Pero no por miedo a que viéramos lo mala que era, sino por deudas de la productora con la empresa constructora de decorados; un litigio que congeló su distribución española hasta este verano. Sobre la película en sí -umm, colmillos afilándose en 3, 2, 1…- decir que resulta un engendro considerable,  y que sus ¡ocho! remontajes previos hasta encontrar el bueno le dan una estocada definitiva a la película, por si no tuviera ya bastante con la espeluznante labor del holandés Menno Meyjes como guionista y director. Y es que la cinta no tiene una estructura propiamente dicha, viéndose lastrada por molestos saltos temporales que no aportan nada ni profundizan en la psicología de los personajes. Encima parece dirigida por un antitaurino, ya que apenas hay secuencias de toreo y todo se reduce a escenas aburridas entre Manolete y Lupe Sino, diciéndose mamita y papito todo el rato y fumando como carreteros -tanto, tanto, que por curiosidad me tragué los créditos hasta el final para ver si estaba patrocinada por Tabacalera, pero no-. De hecho lo único destacable de la película es el asombroso parecido físico de Adrien Brody con el recordado matador andaluz o la racial actuación de Penélope Cruz. Pero eso no tiene ningún mérito, porque el uno ya nació con esa cara de pasmado y la otra tiene muy asimilado el papel de buscona a fuerza de repetirlo.  


Lo cierto es que a pesar de su 24 millones de euros de presupuesto, tampoco se podía esperar mucho más de Manolete; una película de un tema tan cañí… pero rodada en inglés y escrita y dirigida por un guiri holandés. Y ojo al inenarrable momento de vergüenza ajena que nos deparaba el film: después de ver por toda la película carteles y letreros en español, una despechada Lupe Sino deja escrita con pintalabios una frase en un espejo para que la lea luego Manolete… ¡¡pero en inglés!!! ¡¡Ozú, shiquiya!!


Los mercenarios 2. Lo que empezó como una broma de Stallone para quedar con viejos colegas va camino de convertirse en la idea del millón y en una franquicia-coche escoba donde veamos a cada vez más viejos roqueros del actioner ochentero. Porque si en la primera el Dream Team del poster era un poco timo por la testimonial presencia de Schwarzenegger y Bruce Willis, en esta al menos se han alargado algo sus papeles y ambos cuentan con más minutos en pantalla para cargarse malos y soltar chistes idem. Si a eso añadimos a Chuck Norris, Jean Claude Van Damme y a los habituales Statham, Lungren, Li, Crews y Couture -estos dos para hacer bulto-, el resultado no es precisamente para ganar Oscars, pero sí para pasar un rato entretenido y comprobar lo raro que sigue resultando ver a esta gente compartiendo plano, después de tantos años de verles hacer la guerra por separado. Y es que aquí la factura visual está un poco más aseada que en la primera y podemos contemplar perfectamente a Stallone, Schwarzenegger y Willis repartiendo estopa juntos, o a Arnold y Norris, o a Sylvester y Van Damme, etc. como si la teoría de los multiversos fuera cierta y hubieran acabado colisionando todos. Sin embargo, dentro del jolgorio que produce este placer culpable de film, siendo pejiguero encontré dos sorpresas negativas: lo mal que dobla Constantino Romero a su odiado Schwarzenegger -como si lo hiciera mal aposta, en plan parodia- y el lifting de ojos tan horrible que se ha hecho Van Damme, lo que prácticamente le obliga a llevar gafas de sol durante toda la película para no dar tanto repelús, aunque sea el malo.

En fin, que no es Ciudadano Kane pero da lo que promete, tú. Y para Los mercenarios 3 ya suenan Steven Seagal, Nicolas Cage, Robert de Niro, Al Pacino y el mismísimo Clint Eastwood. ¡Toma ya! Como he leído por ahí: esto es para hombres. Abstenerse gafapastas.

Otras películas vistas:

Lawrence de Arabia (1962) El inesperado homenaje de Prometheus a la obra maestra de David Lean fue una excusa tan buena como cualquier otra -y que la hicieron una larga tarde por Canal 9- para ver de nuevo a Peter O’Toole y compañía por el desierto jordano-almeriense-marroquí. Un prodigio de film que mejora con los años y que constituye sin duda el mejor biopic de la historia, fundiendo la espectacularidad de sus escenarios con el retrato intimista de un hombre tan extraordinario como atormentado.

El chico (1921); Luces de la ciudad (1931)

En un verano en el que también me dio por recuperar a Charles Chaplin con Candilejas, Tiempos modernos, Monsieur Verdoux o El gran dictador, el siguiente paso fue ver por fin los dos largos suyos que me faltaban: El chico y Luces de la ciudad. Dos películas magistrales en las que el maestro demuestra su dominio de la comedia o la pantomima y su capacidad para emocionar y hacer reír a partes iguales. Aunque técnicamente El chico (1921) sea un mediometraje de 50 minutos, supone el primer título importante de la filmografía de Chaplin, un recuerdo a su mísera infancia en Londres donde destaca su química con Jackie Coogan, el chico del título al que cría como su hijo tras encontrarlo de bebé abandonado en la calle. Juntos tratarán de sobrevivir sorteando con picaresca el hambre, a la policía o a los asistentes sociales que pretenden llevarse al niño a un orferlinato; un antro de sufrimiento bien conocido por Chaplin. En Luces de la ciudad, por su parte, las atenciones de Charlot son para una florista ciega que le toma por un millonario. El hombrecillo del bombín y el bastón intentará encontrar el dinero para pagar la operación que le devuelva la vista con un sinfín de trabajos, así como siendo el compañero de juergas de un ricachón bipolar. Uno de los mejores films de la historia del cine, en el que el equilibrio chapliniano de comedia y drama alcanza su apogeo -gracias también a la fuerza expresiva del cine mudo-, y con un final mítico resuelto en un juego de miradas tan ambiguo como conmovedor.



Deliverance (1972). Es lo que tiene irse un día a surcar el Turia con casco y neopreno, que luego apetece ver alguna película ambientada en ambiente fluvial. Además, también había curiosidad por visionar el clásico de John Boorman que se hizo un nombre en el imaginario infantil de los ’80 al inaugurar el prohibidísimo ciclo de TVE de Cine de Medianoche -de dos rombos nada menos-; y todo por una escena de sodomía de unos montañeros asilvestrados al pobre Ned Beatty. Este es también el film del archifamoso duelo de banjos, una escena paradigmática del conflicto entre primitivismo y civilización y tema habitual en la filmografía de Boorman como en La selva esmeralda. Una cinta, en fin, de estructura sencilla pero efectiva, y que incluso fue nominada a varios Oscars en 1972, el año de El padrino y Cabaret. Por cierto, el neopreno de Burt Reynolds parecía poco útil en el agua: era apenas un chaleco.


El último deber (1973): La película que confirmó el carisma de un Jack Nicholson a puntito de protagonizar Chinatown. Es la historia de dos marines que deben escoltar a un tercero a la cárcel, condenado a ocho años por un hurto menor. Durante el viaje de una semana los carceleros trabarán amistad con su preso -un joven sin muchas luces pero de buen corazón-, corriéndose alguna que otra juerga por el camino para que el muchacho disfrute un poco de la vida y  tenga algo agradable que recordar entre rejas. Un film de planteamiento simple pero que demuestra una vez más que con una buena idea y personajes bien definidos ya hay medio camino hecho.

Criticoll

domingo, 27 de mayo de 2012

Regreso al futuro

Men In Black 3 (Hombres de negro III)

TÍTULO ORIGINAL:”Men In Black 3” (2012). DIRECTOR: Barry Sonnenfeld. REPARTO: Will Smith, Josh Brolin, Jemaine Clement, Michael Stuhlbarg, Tommy Lee Jones, Emma Thompson, Alice Eve, Mike Colter, Bill Hader, Nicole Scherzinger.

Diez años después de la fallida Men In Black 2, Barry Sonnenfeld, Spielberg y compañía decidieron resucitar la franquicia insuflándole aire fresco a una premisa que ya parecía agotada; casi, casi, tanto como Tommy Lee Jones a la hora de volver a encarnar al hierático agente K. Pero hay que decir que la nueva solución de guión -los viajes en el tiempo-, aunque en principio un poco facilona viniendo del productor de Regreso al futuro, finalmente se ha revelado acertada al matar dos pájaros de un tiro. Así, que J -Will Smith- retroceda al pasado para evitar que un alienígena rencoroso acabe con el joven K -Josh Brolin- y cambie el futuro permite, por una parte, aprovechar todo el juego que puede dar Will en 1969 y, por otro, librarse de la presencia de un fatigado Jones, que aquí solo sale al inicio y al final del film, dejando el grueso de la trama en manos de Smith y de un brillante Brolin. Un actor que parece haber nacido para interpretar a Tommy Lee rejuvenecido en una película, y cuya química con Will Smith es más que evidente, hasta el punto de que en Amblin ya se habla de volver a contar con él para una hipotética cuarta entrega de MIB. Sólo es cuestión, supongo, de que los guionistas se saquen de la manga otro viaje en el tiempo o que la magia de Rick Baker lo envejezca convenientemente.

En cuanto a Men In Black 3 en sí, decir que resulta un largometraje mejor de lo esperado, conteniendo todos los elementos de la serie que los fans están esperando contemplar: ya sean los chistes de J, las réplicas de K, el espectacular diseño de los aliens, la pegadiza música de Danny Elfman o esa cuidada mezcla de acción y humor que la decepcionante cinta previa de 2002 tanto desequilibraba en favor de lo segundo. Un film fiel a sus principios  aunque, por la parte que me toca, eso suponga que también se incluye aquí la inevitable escena con una de las dos cosas que más odio que salgan en una película: bichejos desagradables amenazando a cámara con las fauces abiertas en Primer Plano. Algo habitual en la trilogía y que aquí sucede la secuencia en la que Will Smith lucha contra el pez gigante -y que vista en 3D debe de ser bonica-. 

Pero mejor pensar, en definitiva, en los activos de Hombres de negro 3, y que aquí pasan, junto con la ya comentada actuación de Smith y Brolin, por ese apañado guión integrando con gracia personajes y hechos históricos en la trama -el despegue del Apolo XI, Andy Warhol, la segregación racial de los ’60, los hippies-, o detalles que nos descubren cosas nuevas de los protagonistas -el origen de la hosquedad de K, lo relativo al padre de J-; y secundarios tan interesantes como el malvado que compone Jemaine Clement, o el alienígena con poderes proféticos al que da vida Michael Stuhlbarg. Un actor éste verdaderamente camaleónico, capaz de resultar siempre creíble ya sea como el gangster Rothstein de Boardwalk Empire, el profesor judío de Un hombre serio, el admirador de Méliès en La invención de Hugo, o el extraterrestre pirado por el rollo Flash Forward de este MIB3.

Criticoll

domingo, 20 de mayo de 2012

El cine, de vacaciones

La sombra de la traición

TÍTULO ORIGINAL:”The Double” (2011). DIRECTOR: Michael Brandt. REPARTO: Richard Gere, Topher Grace, Martin Sheen, Odette Yustman, Stephen Moyer, Tamer Hassan, Stana Katic.

La sombra de la traición tuvo un estreno reducido en USA el pasado 28 de octubre y a las pocas semanas ya estaba en el mercado del DVD. Tras este dato, y como diría Schuster, no hace falta desir nada más acerca de la calidad de este rutinario largo; un thriller de espías deudor de las manidas historias de la Guerra Fría y que supone otro paso más en la decadencia de Richard Gere.

Pobre, pobre Richard. Da pena verlo aquí correr sin resuello detrás de un sospechoso y pensar que ese mismo era el gallardo protagonista de American Gigolo u Oficial y caballero; ahora una vieja gloria actuando por inercia en un film al que hace 20 años ni siquiera se habría dignado a escupir. Y es que el guión de La sombra de la traición -que, como el de Sin perdón, dormitó 10 años en un cajón esperando ser rodado ( fin de las semejanzas)- es el típico libreto de espías, el FBI, la CIA, los rusos… que hemos visto como unas 200 veces antes en el cine; llevado sin demasiado vigor a la pantalla por el debutante -y también co-guionista- Michael Brandt y con un desenlace final de giros y triquiñuelas tan, tan bochornoso, que un servidor se pregunta si Gere llegó a leérselo entero antes de aceptar. De hecho, uno piensa automáticamente en Un cadáver a los postres o Wayne`s World y en las burlas que se hacen ahí a propósito de esos recursos tan baratos y de última hora capaces de arruinar una cinta, en este caso ya bastante perjudicada de por sí.

Con decir que lo único bueno de la película es la forma en la que Stephen Moyer -el vampiro de True Blood- se escapa de la cárcel… ¡y va y eso también te lo cuentan en el trailer! una chapuza publicitaria como Cuenca de grande y que merece capítulo aparte. En efecto, por si no fuera poco el título original The Double para dar pistas de las sorpresas que esconden sus personajes, hay por ahí circulando trailers indiscretos de La sombra de la traición que directamente te destripan el misterio sobre quién es el letal asesino Cassius, y que parecen perpetrados por la competencia o por los asesores de imagen de Iñaki Urdangarín.

Lenta, aburrida, confusa, tramposa… con personajes poco definidos y más agujeros en el guión que Marlon Brando al final de ¡Viva Zapata!, no parece que Brandt vaya a tener muchas oportunidades en un futuro próximo de dirigir otra película. En fin, que esperemos que Richard alcance pronto los años que le quedan por cotizar para ahorrarnos disgustos como éste.

Criticoll

Jo, qué noche

El canguro

TÍTULO ORIGINAL:”The Sitter” (2011). DIRECTOR: David Gordon Green. REPARTO: Jonah Hill, Max Records, Landry Bender, Kevin Hernandez, Sam Rockwell, Ari Graynor, Jessica Hecht, Method Man, Erin Daniels.

Tampoco es probable que pase a los anales de la historia El canguro, un vehículo para el lucimiento de las lozanas cachas de Jonah Hill -aunque ya no tan lozanas, por consejo de Brad Pitt el muchacho ha perdido 20 kilos- y basado ligeramente en la ochentera Aventuras en la gran ciudad, de Chris Columbus. Como cabría esperarse de los tiempos que corren y de David Gordon Green, responsable de Superfumados o Caballeros, princesas y otras bestias, el humor blanco de aquella se ve sustituido aquí por toda una amplia gama de elementos políticamente incorrectos: trabajos vaginales, pedos, wáteres que explotan, niños deslenguados, drogas, policías corruptos, pandilleros, padres pasotas o treceañeros que descubren con prontitud sus inclinaciones homosexuales. En resumen, un gran crisol de las cosas que se supone nos hace troncharnos en 2012.

Un film que promete más risas de las que finalmente ofrece, se puede decir que todos los chistes de El canguro estaban condensados en su resultón trailer; que, a diferencia del de La sombra de la traición, al menos no spoilea nada y cumple su función de venderle la moto a sus incautos espectadores, que al salir de la sala ponen cara de que probablemente no valía la pena gastarse 6 euros y pico para esto. Y es que la película es muy predecible en su desarrollo, en su inevitable moralina y hasta en su intento de parecerse a Jo, qué noche en el kafkiano retrato del submundo nocturno de Manhattan, aunque claro, lejos de la intensidad pesadillesca de la de Scorsese. También Jonah Hill está más gracioso cuando hace de tímido o de canguro responsable -como en Todo sobre mi desmadre- que cuando se hace el guay como en esta The Sitter, menos salvaje de lo que se cree y más cercana por momentos a la ciencia-ficción involuntaria que a la comedia descerebrada y gamberra.

Criticoll

lunes, 14 de mayo de 2012

Johnny, la gente está muy loca

Sombras tenebrosas

TÍTULO ORIGINAL:”Dark Shadows” (2012). DIRECCIÓN: Tim Burton. REPARTO: Johnny Depp, Eva Green, Michelle Pfeiffer, Bella Heathcote, Helena Bonham Carter, Chlöe Grace Moretz, Jack Earle Haley, Johnny Lee Miller, Christopher Lee.

Sorprende la animadversión crítica tan generalizada que ha sufrido Sombras tenebrosas ya desde su preestreno, siendo desdeñado automáticamente como un título decepcionante e indigno de la filmografía burtoniana; como si ésta estuviera repleta de obras maestras y El planeta de los simios o Alicia… no hubieran existido nunca. Así, uno se encaminó al cine con bastantes reparos, la verdad, esperando encontrarse con algo parecido al desastre de Malick con The Tree Of Life, si se trataba de ver cómo se la pegaba un autor pretendiendo ser él mismo más que nunca. Pero lo cierto es que al salir de la sala mi primer pensamiento fue que esas reacciones tan airadas eran muy exageradas: cierto es que Dark Shadows no llega a la altura de Ed Wood o Eduardo Manostijeras, pero tampoco es como para rasgarse las vestiduras de esa forma.

Con Sombras tenebrosas estamos ante la típica película de Tim Burton, con sus elementos góticos y románticos, su humor negro y su Johnny Depp haciendo esta vez de vampiro, dentro de su ya amplia galería de personajes excéntricos. Un film que, afortunadamente, no es tan cómico como su equivocado trailer nos había vendido, y que al final sí respetaba la gravedad de la serie original. Y aunque no pasará a la historia, al menos sirve para que un servidor se congracie con el director de Burbank tras su poco maravilloso y sí muy fallido trabajo previo.

 Y es que Dark Shadows tiene bastantes elementos atractivos que poner en la balanza, como el arrebatador prólogo en el acantilado; los carismáticos personajes de Barnabas -Depp- o la bruja Angelique -la bella Eva Green, quien superó en el cásting a Anne Hathaway, Lindsay Lohan o Jennifer Lawrence-; el divertido choque de Barnabas con los años ’70 tras permanecer dos siglos encerrado en un ataúd; o ese nada disimulado homenaje a Michael Jackson, en la escena en la que el pálido vampiro pasea a plena luz del día por su pueblo, protegiéndose del sol por elementos tan característicos de Jacko como el sombrero y el paraguas negros, los guantes o el inevitable séquito de acompañantes. También resulta apropiado que Burton retome aquí uno de sus temas más recurrentes, como esa apología que suelen hacer sus protagonistas del grupo de outsiders al que pertenecen; ya sea el equipo de rodaje de Ed Wood, los monos desertores y los humanos fugados de El planeta de los simios o los decadentes Collins de este film. Con Johnny Depp emulando a su admirado Marlon Brando de El padrino y defendiendo los intereses de su familia a sangre -nunca mejor dicho- y fuego, prácticamente como si fuesen los Corleone. En el plano negativo, señalar que quizá su guión no desarrolle al final todas las posibilidades que se le intuían a esta historia, y que se le dé poca cancha a secundarios ilustres como Michelle Pfeiffer, Chlöe Moretz, Jackie Earle Haley o a la señorial presencia de Christopher Lee, aquí casi un extra con frase.

En definitiva, a falta de ideas frescas -y lo siguiente de Burton tampoco es muy original que digamos: la nueva versión de Frankenweenie-, buenos son remakes como éstos si son así de apañados. Y es que el autor de Sleepy Hollow se ha convertido, con la práctica, en todo un experto en el arte de adaptar relatos ajenos atrayéndolos a su particular universo, repintándolos con los colores de su estética gótica e invitando al espectador a aceptar lo extraño como normal.

Criticoll

lunes, 7 de mayo de 2012

Miedo y asco en San Juan

Los diarios del ron

TÍTULO ORIGINAL:”The Rum Diary” (2011). DIRECCIÓN Y GUIÓN: Bruce Robinson. REPARTO: Johnny Depp, Michael Rispoli, Aaron Eckhart, Amber Heard, Giovanni Ribisi, Richard Jenkins, Amaury Nolasco, Marshall Bell.

Los diarios del ron supone la cuarta ocasión en la que Johnny Depp se aproxima al universo de Hunter Stockton Thompson, si contabilizamos la genial Miedo y asco en Las Vegas, el documental Gonzo: Vida y hazañas del Doctor Hunter S. Thompson o ese singular homenaje que le brindó a la figura de su amigo y paisano como el camaleón Rango.

Un proyecto del que Depp fue responsable desde el principio, animando, primero, a Thompson a publicar su novela a fines de los ’90 -tras permanecer casi cuarenta años en un cajón- y después al hacerse cargo de su adaptación al cine como co-productor e intérprete. Sin embargo, y a pesar de todo ese trabajo previo, hay que reconocer que The Rum Diary resulta finalmente un film fallido que no acaba de encontrar su propia identidad. En efecto, la película empieza como una comedia alocada, cercana a “Miedo y asco…” con mucho alcohol, excentricidad por doquier y personajes frikis, que auguran cuando menos una reedición caribeña del film de Gilliam. Pero, poco a poco, el ritmo y el interés de la historia comienzan a decaer, lo que parecía que iba a ser se frustra y al final el largo no está para muchas bromas, quedando más próximo a la amargura de El americano impasible en su denuncia del colonialismo o la especulación inmobiliaria que a la locura que se suponía nos iba a ofrecer en su inicio.

Y es que la película es víctima de su propia indefinición y no acaba de decidirse por ser un drama o una comedia, algo que también se podría trasladar al personaje de Paul Kemp-Depp-, a ratos un bufón alcohólico y otras un héroe romántico, tan capaz de beberse 169 botellines del minibar como de luchar quijotescamente contra el establishment junto a su pareja de Sanchos Panzas beodos. Existen, así mismo, en The Rum Diary escenas con demasiado diálogo, otras bastante gratuitas -como las que muestran el romance entre Kemp y la bella Chenault -Amber Heard-, hasta alcanzar todo ello una duración excesiva de casi dos horas. Sin duda que una poda de varios minutos no le habrían venido nada mal al film, que también necesitaba un director y guionista con más brío y menos rutinario que Bruce Robinson -Withnail and I queda ya muy lejos-, para poder poner algo de orden en el conjunto. Así mismo, a la película se le notan las ingerencias en el guión de Johnny Depp o del otro productor Graham King, quién sabe si por no estar muy satisfechos con lo que veían cada día en el rodaje… En el aspecto positivo, destacar al menos la presencia de Michael Rispoli y Giovanni Ribisi como los dos zarrapastrosos compañeros de piso y curro de Depp -erigidos en roba escenas desde el momento en el que aparecen-, o la fotografía del polaco Dariusz Wolski, operador de confianza de la estrella en Piratas del Caribe o Alicia en el país de las maravillas y que aquí consigue una atractiva tonalidad de imagen que recuerda a la de las típicas cintas de los años ’50.

Criticoll

lunes, 30 de abril de 2012

Superhéroes en acción

Los Vengadores

TÍTULO ORIGINAL: ”The Avengers” (2012). DIRECTOR: Joss Whedon. REPARTO: Robert Downey Jr, Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Tom Hiddleston, Samuel L Jackson, Cobie Smulders, Clark Gregg, Stellan Skarsgård, Gwyneth Paltrow.

“Demasiados gallos en el mismo corral. ¡Han cambiado a Edward Norton por Mark Ruffalo! ¿Scarlett Johansson una superheroína? El malo no tendrá carisma. ¿Quién es ese Joss Whedon? Seguro que al final no es para tanto y se hace larga”… Todos esos reparos que pudieran surgir a priori en la mente del aficionado ante el estreno de Los Vengadores quedan completamente disipados tras visionar esta gran película de Joss Whedon, sin duda la mejor cinta salida de la factoría Marvel y una de las más satisfactorias adaptaciones de superhéroes de comics al cine.

En efecto,  Los Vengadores resulta un largometraje sólido a todos los niveles que raya a una altura acorde a lo que se esperaba de él, demostrando una vez más que calidad y comercialidad no tienen por qué ir reñidas. Empezando por una puesta en escena poderosa y plagada de momentos espectaculares, con brillantes escenas de acción y money shots por doquier -toma nota, Gary Ross- pero que tampoco se quedan en la simple pirotecnia visual 3D ni ralentizan la trama. Con un guión que tenía la complicación de equilibrar los roles de cada personaje protagonista -Capitán América, Iron Man, Thor, Hulk, Viuda Negra, Ojo de Halcón…- y darle a cada uno -y a su intérprete- su cuota de lucimiento, cosa que milagrosamente consigue; con un villano -Loki-Tom Hiddleston- que se despoja de su sosería en Thor hasta lograr hacerse temible aquí como Némesis de nuestros héroes; con secundarios interesantes -Nick Furia, Colson, Maria Hill-, y con unos detalles cómicos perfectamente integrados en la historia como guiño a los espectadores pero sin caer en el exceso, como lo de Richard Lester en Superman III.

Una película que se nota hecha con la cabeza y el corazón, como si se la hubiesen encargado a un fan cualquiera y no a un frívolo profesional de Hollywood, y en donde cada aspecto que aparece está tratado con el respeto y la admiración que las viñetas se merecen, o a lo que estos caracteres  representan para el imaginario colectivo. Y es que Stan Lee y compañía puede estar contentos al haberle otorgado las riendas de Los Vengadores a Joss Whedon, quien, tanto en su faceta de co-guionista como en la de director, ha realizado una labor soberbia y difícil de superar por los cineastas que se incorporen al universo Marvel; ayudado por un reparto en el que cada actor da lo mejor de sí mismo y hace creíble a su personaje… por mucho que debamos aceptar que la Viuda Negra-Scarlett Johansson realiza sus heroicidades físicas con unos tacones de 10 centímetros y no tenga el superpoder de evitar esguinces. Pero, en cualquier caso, con The Avengers estamos ante un film que sin duda se convertirá en referente para futuras traslaciones de cómics al cine, ya que supone todo lo que una adaptación puede desear y todo a lo que una cinta de acción debe aspirar.

Criticoll

lunes, 23 de abril de 2012

El show de Katniss

Los Juegos del Hambre

TÍTULO ORIGINAL: “The Hunger Games” (2012). DIRECCIÓN: Gary Ross. REPARTO: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Woody Harrelson, Wes Bentley, Amanda Stenberg, Donald Sutherland, Stanley Tucci, Lenny Kravitz, Elizabeth Banks, Liam Hemsworth.

Cualquiera que haya pasado recientemente por alguna librería se habrá dado cuenta de que Los Juegos del Hambre es el fenómeno editorial del momento: un éxito literario que sin duda se repetirá en el cine habida cuenta de las colas y la expectación levantada por la adaptación de ésta su primera entrega. Un film que se presenta como un producto de marketing perfectamente diseñado para agradar tanto los lectores de Suzanne Collins como a los espectadores no familiarizados con las aventuras de Katniss Everdeen y compañía.

Un servidor -que pertenece a este segundo grupo de los que no se han leído el libro- no puede opinar sobre si The Hunger Games es muy fiel o no a la letra impresa, así que limitaré mi comentario a las cuestiones estrictamente cinematográficas. Así, en principio diré que las sensaciones que deja el film tras su visionado son la de ser un entretenimiento bastante efectivo que cumple más o menos con aquello que se esperaba de él: una cinta destinada principalmente al público juvenil con los inevitables elementos de acción y romance, pero también con aspectos que atraigan la atención de los aficionados a la ciencia-ficción, como su atractiva condición de distopía o su crítica hacia espectáculos actuales capaz de aborregar al más pintado, como Gran Hermano y similares realitys televisivos. Una película en la que, además, el cinéfilo puede jugar a encontrar referentes tan variados como Battle Royale, El show de Truman, Perseguido o 1984, e incluso de largometrajes setenteros de similar estética y espíritu como Rollerball, La Fuga de Logan o Cuando el destino nos alcance.

Sin embargo, y como le ocurre a toda película con la responsabilidad de poder inaugurar una franquicia en el cine, Los Juegos del Hambre camina con pies de plomo para tratar de agradar al mayor espectro de gente posible, sin ese toque individual de un autor que le dotara de mayor personalidad al conjunto; ya que, a veces, da la sensación de haber sido creada por un comité de expertos que se hayan tenido que poner de acuerdo hasta para elegir el color del papel de las paredes. Es por eso que los productores han escogido aquí a un realizador sobrio e impersonal como el artesano Gary Ross -Seabiscuit- en lugar de alguien con más garra o atrevimiento visual, como un Luc Besson o una Kathryn Bigelow de sus buenos tiempos. En efecto, la puesta en escena de Ross -que no dirigía una película desde 2003- resulta tan funcional como carente de imaginación, provocando que no haya en esta cinta al final ni un solo money shot -uno de esos planos memorables que se quedan en la retina del espectador-. Y es que para una vez que el hombre quiere imponer algo parecido a un toque personal, va y se equivoca, como en su decisión de rodar toda la película emulando el estilo nervioso y cámara en mano de Paul Greengrass -incluso cuando la acción no lo requiere-, llegando a provocar mareo y cansancio más que otra cosa en el respetable. Una suerte, en este sentido, que Ross haya declinado hacerse cargo de la segunda parte -En llamas-, para la cual ya ha sido contratado Francis Lawrence- Soy leyenda-.

Hay que reconocer que tampoco los elementos más violentos y brutales de la historia -como las muertes durante los Juegos- están muy desarrollados o son muy explícitos, lo que le resta contundencia y oscuridad a su mensaje. Algo, en realidad, hecho a propósito pensando en el mercado anglosajón, muy restrictivo siempre con las calificaciones morales por edades que les impida el acceso a la sala a los menores de 13 años. No en vano, constituyen el público más numeroso de los que entran a ver esta película y encima aplauden al final.

Por último, señalar el acierto que supone el cásting de Jennifer Lawrence en el papel de la protagonista Katniss Everdeen, la sufrida heroína de The Hunger Games y que demandaba una actriz de similar carisma y juventud con la capacidad de aguantar sobre sus hombros toda la película. Pues pan comido para la actriz de Louisville, nominada al Oscar con sólo 20 años por Winter`s Bone y con un futuro ciertamente más prometedor que el que nos muestra este film.

Criticoll