martes, 15 de octubre de 2019

JOKER



Resulta irónico que Martin Scorsese haya criticado las películas de superhéroes y al mismo tiempo que la última producción de Warner y DC Comics sea un remake encubierto de una de sus cintas más celebradas. En efecto, con el Joker de Todd Philips -en principio una historia de orígenes adulta al estilo Batman Begins o El protegido- estamos en realidad ante una versión moderna de Taxi Driver, con bastantes elementos extraídos así mismo de otro film scorsesiano de culto como El rey de la comedia.

Hay que reconocer de entrada que Joker resulta una película muy sólida cinematográficamente, con un gran trabajo de fotografía, música, dirección artística o vestuario, y que se ve en un suspiro a pesar de sus más de dos horas de duración. Joaquin Phoenix realiza una memorable interpretación como el torturado protagonista, un sujeto que evoluciona de apocado enfermo mental a bufón extrovertido y asesino, y en la que caben homenajes a varios jokers señeros, como el de Jack Nicholson -sus bailes en las escaleras del Bronx- o el de Heath Ledger -su maquillaje corrido en el coche de policía-. Phoenix se mete en el personaje de lleno y le dota de un lenguaje corporal apropiado en cada momento, donde destaca su peculiar risa o su gama de expresiones faciales, sin olvidar su aspecto demacrado gracias a esos 23 kilos adelgazados para el papel, que lo convierten sin duda en el favorito número uno para alzarse con el próximo Oscar al Mejor Actor.


Sin embargo, esas deudas de Joker con Taxi Driver y El rey de la comedia son demasiado evidentes, lo que nos lleva a pensar en qué habría hecho Todd Philips sin la existencia previa de esos dos referentes, que parece que le vayan guiando cual GPS durante todo el film. Así, vemos cómo el camino del héroe -o del villano- de este largometraje nos presenta a un enfermo mental -Arthur Fleck- tan asocial como Travis Brickle, llamado a convertirse tras su viaje iniciático en el futuro Joker, príncipe payaso del crimen y némesis de Batman. La respuesta a cómo un hombre con tan pocas luces como Fleck pueda transformarse algún día en un genio del mal como era el Joker de Heath Ledger, está en sus 80 años de historia. Durante todo ese tiempo, ya fuera en cómics, películas, series de TV o videojuegos, el joker ha demostrado ser un personaje con un canon muy flexible y maleable, con orígenes y personalidades diversos dentro de una misma esencia: su proverbial odio a Batman. La versión que nos presenta este film parece aludir al cómic de Alan Moore La broma asesina (The Killing Joke, 1988), donde el joker tiene un pasado similar de cómico frustrado con problemas familiares que termina volviéndose loco.

Retomando la tesis de Taxi Driver hay que decir que esta se vuelve cierta, ya que conforme avanza Joker vemos que repite sin complejos su misma estructura, ambientación, similitud tonal o estilística. Y es que los elementos coincidentes en una y otra son abrumadores. Tenemos para empezar, el aire de decadencia y degeneración de Gotham, calcado a aquella Nueva York de Scorsese en crisis moral y social y con similar fotografía de colores apagados; el hecho de estar ambientadas en años muy próximos -1976 y 1981-; el diario que escriben sus introvertidos y marginales personajes; la obsesión de ambos por una figura política importante o por una chica inalcanzable; las conversaciones con sus compañeros de oficio -taxistas / payasos-; la escena en su casa donde juegan con un arma con el torso desnudo, frente al espejo; el gesto con el dedo de volarse los sesos; el cambio físico cuando sus mentes colapsan por completo; el quedar como héroes tras provocar una matanza, o el hecho de que todo cuanto les haya sucedido puede que sea al final un simple producto de su imaginación, sin duda mucho más fértil que la de Todd Philips. Unas ensoñaciones que en el caso de Arthur Fleck se producen varias veces durante la película y que no están muy bien explicadas: por ejemplo, cuando se supone que asiste como público al programa de TV de Murray Franklin -Robert De Niro- da la sensación de que sea un flashback, no una alucinación -y que es, en realidad, el primer homenaje a El rey de la comedia-. Más afortunado es el truco del supuesto romance de Arthur con su vecina, que a priori parece una concesión al Hollywood más comercial pero que luego sorprende favorablemente cuando descubrimos que no era así.

Como ya he apuntado, el otro film de Scorsese saqueado aquí es El rey de la comedia, la misma historia de un comediante sin gracia que anhela el éxito de otro cómico famoso al que profesa gran admiración. Así, tenemos el hortera vestuario de Fleck, que remite a Rupert Pumpkin; el hecho de que ensaye en su casa su participación televisiva, o sobre todo la presencia del propio Robert De Niro, aunque aquí en el otro papel: el del cómico veterano que encarnaba Jerry Lewis. Pero la escena en la que Joker es entrevistado en directo por Murray en el plató de TV y la lía parda no sólo cita al film de Scorsese de 1982, sino que también se pueden encontrar en ella referencias  a Network (1976) de Sidney Lumet y al cómic The Dark Knight Returns (1986).



Precisamente, los fans del cómic han hecho piña en sus pullas a Joker por el hecho de que la película reniegue del DC Universe y no se haya basado más en las viñetas a la hora de recrear al personaje, dando la impresión de que se avergonzase de ellas y quisiera jugar en ligas superiores, como el prestigio crítico o los Oscar. El factor de darle nombre y apellidos al joker tampoco ha sentado nada bien en esos ámbitos, si bien esto no es nuevo, ya que Tim Burton -otro que reconoció que no había leído los comics de Batman- hizo lo mismo con el Jack Napier de Nicholson. La verdad es que no había otra manera de mostrar el pasado del personaje que hacer eso, por mucho que así se pierda el misterio y la inquietud que provocaba el joker de Heath Ledger, de quien no sabíamos absolutamente nada -recordemos que él mismo iba cambiando la historia de cómo se hizo las cicatrices en la boca- ni de cuál era su plan maestro para alcanzar sus metas, que no eran otras que acabar con Batman y ver el mundo arder. Aunque rizando el rizo, en realidad ni siquiera el propio Arthur Fleck  al final es quien cree ser -pues resulta ser adoptado- por lo que sus orígenes también permanecen confusos. Otra cosa es que este personaje no parezca aprovechable para un universo compartido debido a su escasa inteligencia -que apenas le da para sobrevivir en el día a día- así como por su notable diferencia de edad con Bruce Wayne, a quien le saca como unos 30 años en el film. Si bien Philips ha dejado caer la teoría de que puede que el personaje de Joaquin Phoenix no sea realmente el joker, sino una figura inspiradora para un joven admirador que, este sí, se convertiría en el futuro en el archienemigo de El Caballero Oscuro.


Otras voces han clamado contra el guión de Joker por seguir esa corriente del Hollywood actual de blanquear a malvados clásicos a la hora de narrar sus orígenes, al estilo de Disney con Maléfica, Los descendientes o la próxima Cruella de Vil con Emma Stone; donde se convierte al malo tradicional en una víctima, y que si se pasa al lado oscuro es por culpa de la incomprensión de una sociedad cruel e inhumana. No es de extrañar que la Warner advirtiera de que no fuera nadie al cine vestido de joker, ya que el film está muy cercano a otros como V de Vendetta en su espíritu revolucionario y antisistema, y que en su denuncia contra situaciones injustas -las desigualdades entre ricos y pobres, la manipulación de los Mass Media, los recortes en políticas sociales o el deplorable sistema sanitario USA- acaba deslizando un mensaje peligroso: emplear la violencia es buena para conseguir tus fines, sobre todo si no te pillan. La película es deliberadamente ambigua para crear controversia y que hablen de ella, y el propio Todd Philips ha alimentado la polémica con sus declaraciones.

Por último, me gustaría destacar el soundtrack de canciones elegidas, muy apropiadas para aportar el mood adecuado en cada momento del relato: ya sea el Smile de Charles Chaplin, Rock 'n' Roll (Part 2) del proscrito Gary Glitter, o That’s Life de Frank Sinatra. Y si bien Philips se ha hecho el interesante remarcando que su película era una isla autoconclusiva dentro del DC Universe, en vista del éxito de crítica y público o de la predisposición favorable de Joaquin Phoenix a repetir, me parece que estando al timón el hombre que nos trajo la prescindible R3sacón podemos tener Jokers para rato.

Criticoll

lunes, 7 de octubre de 2019

ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD



Es curioso cómo de un tiempo a esta parte, varios autores se han vuelto nostálgicos y les ha dado por rememorar la época de su niñez. Si el año pasado tuvimos Roma de Alfonso Cuarón o a principios de este a Almodóvar con Dolor y gloria, ahora es Quentin Tarantino quien ha hecho su particular Amarcord con su novena película, Érase una vez en Hollywood. El film supone su visión idealizada y personal de Los Ángeles en 1969, la ciudad donde vive el director desde que tenía dos años, tras mudarse con su madre desde su Knoxville natal. Ese 1969 fue el año en el que todo cambió en la Meca del Cine: el viejo Hollywood agonizante de los grandes estudios le dio el relevo al nuevo de la mano de Easy Rider o Cowboy de medianoche, y la USA de los hippies y el amor libre se resquebrajó con el asesinato de Sharon Tate a cargo de la siniestra familia Manson, dando inicio de forma oficiosa a los desencantados y paranoicos años ’70.


Como en Malditos bastardos, Tarantino no deja aquí que la realidad le estropee una buena historia y mezcla a su gusto realidad y ficción, dejando claro desde el mismo título -Érase una vez en Hollywood, homenaje a Sergio Leone- que estamos ante una especie de cuento. En él, celebrities reales como la Tate, Bruce Lee o Steve McQueen -y otros menos conocidos como Sam Wanamaker o James Stacy- se entrecruzan con personajes inventados como Rick Dalton -Leonardo DiCaprio- y Cliff Booth -excelente Brad Pitt-, que son los verdaderos protagonistas de la historia. Se trata de un actor de westerns televisivos en horas bajas y su doble de acción y hombre para todo, que sobreviven en un segundo plano en la industria del entretenimiento, lejos del glamour de los vecinos de Rick en su casa de Cielo Drive: Sharon Tate y Roman Polanski. Hay que decir que el guión de la película no cuenta realmente con un plot dramático al uso, sino que, según su autor, se trata de un A day in life: esto es, registrar un día en la vida de sus carismáticos personajes. Algo que dicho así queda muy cool, pero que en la práctica afecta bastante a la progresión dramática de la historia y el alargamiento de escenas demasiado reiterativas. Y es que lo que de verdad le interesa a Tarantino es la recreación de una época, de sus recuerdos felices de infancia mediante la evocación de aquellas imágenes, sensaciones y sonidos de su niñez. Al menos esto lo logra con creces al erigirse la ambientación en uno de los elementos más destacados de la película, con esa fotografía cargada de colores pastel de Robert Richardson y un vestuario y dirección artística realmente prodigiosos, que logran reproducir ese Los Angeles de finales de los ‘60 idealizados por Tarantino. Con esas marquesinas luminosas de los cines
de Hollywood Boulevard  anunciando letreros de películas de la temporada 68-69 hoy olvidadas como Al Este de Java, Romeo y Julieta, La noche del escándalo Minsky's, Péndulo o Tora! Tora! Tora! -que se estrenó en realidad en septiembre de 1970-, o con canciones que sonaban en la radio KHJ93, como California Dreamin’, Mrs Robinson de Simon & Garfunkel o la pegadiza Bring a Little Lovin de Los Bravos, música unida ya indisolublemente a este film desde el teaser trailer presentado en marzo y que aquí acompaña a Cliff Booth en uno de sus frecuentes trayectos en coche. Así, la película resulta entrañable en su recreación de una era ya perdida, en la que se podía recoger alegremente a autoestopistas sin temor a que fuera un serial killer, o los autocines se llenaban con programas dobles de películas. Si bien la inmersión en el zeitgeist de aquella época resulta más edulcorada y luminosa de lo que debió ser en realidad; no olvidemos que esos recuerdos están filtrados por la mente infantil de un niño, aunque tratándose de Tarantino, la memoria es fotográfica y las referencias intertextuales que presenta el film, apabullantes. Vaya, cualquiera imaginaría a José Luis Garci emocionado ante tamaña explosión de nostalgia para todos los sentidos, pero sorprendentemente esto no ha sido así: el director de Tiovivo c. 1950 ha declarado que no le ha gustado esta película porque dura demasiado y en realidad no cuenta nada. Algo de razón sí que tiene Garci, porque con ese interés de Tarantino de pasar del guión y centrarse en los personajes, hace que algunos tramos resulten aburridos e innecesarios, como el excesivamente detallado rodaje del western de Rick Dalton: llega un momento que parece que Tarantino nos vaya a mostrar la filmación entera de esa supuesta cinta. Lástima que la muerte de Sally Menke por pasear a su perro una sobremesa de calor extremo en verano de 2010 nos privase de la única voz autorizada que Tarantino obedecía para recortar metraje, snif. El montador actual de Quentin, Fred Raskin -antiguo ayudante de Menke- parece que no se atreva a contradecir a su jefe, y le permite desde entonces todos sus desvaríos y redundancias. Solo hay que mirar la duración de los largos -nunca mejor dicho- de Tarantino en la era post Menke: Django desencadenado, 165 minutos; Los odiosos ocho, 168 minutos; Érase una vez en Hollywood, 161… de momento, porque Tarantino y Netflix planean una miniserie de 4 capítulos de Once Upon A Time In Hollywood con todo el metraje descartado, lo que alargará su duración a las 4 horas y 20 minutos. El ritmo lento y el desequilibrio entre subtramas se acentúa en el ecuador del film con la salida momentánea de la historia del personaje de Brad Pitt, quien roba totalmente la película ante un Leo DiCaprio con un personaje menos lucido y una Margot Robbie que convierte a Sharon Tate, más que en un ser humano, en una presencia inocente y pura, etérea e inalcanzable. Un fantasma revivido que parece flotar ociosa por las contadas escenas en las que transita, por mucho que, nos viene a decir Tarantino, la muchacha no sea perfecta: tiene los pies sucios y ronca como un oso. En su estreno en Cannes un periodista le criticó a Tarantino que Robbie aparecía poco tiempo en pantalla y este lo negó con vehemencia, pero lo cierto es que días después le ordenó a Raskin -seguro que con secreto gozo- que añadiera más metraje de la australiana, aunque de todas formas al final su personaje queda algo cojo y sin mucho que hacer en el film.




Volviendo a Brad Pitt, una de las claves de que se erija en el rey de la función puede deberse a la preferencia inconsciente de Tarantino hacia Cliff Booth. De hecho, la idea de Érase… le vino durante el rodaje de Death Proof, al pensar en las aventuras de un doble de acción como el que interpretaba Kurt Russell en esa película, pero coetáneo de los años 50-60. Pronto sus anotaciones sobre la historia de Booth tomaron la forma, más que de guión,  de una novela, en la que fue escribiendo varios capítulos como las aventuras de Cliff en la Segunda Guerra Mundial -inspirándose para ello en la figura del mítico Audie Murphy-. Más adelante, se le ocurrió el personaje de DiCaprio y decidió conectar ambos con el asesinato de Sharon Tate en ese emblemático 1969. Quentin esbozó primero la escena final del film y  a partir de ahí fue tirando del hilo de su historia, en lo que parece ser un exorcismo personal de traumas para el director, que por lo visto nunca fue uno de esos que jaleaban a Charles Manson como icono pop contracultural. Y es que la madre de Tarantino le asustaba por la noche cuando era pequeño diciéndole que si se portaba mal vendría la familia Manson a por él… Algo muy distinto a lo de Leonardo DiCaprio, irónicamente un hijo de hippies que en el colegio llevaba una camiseta de Manson para dar la nota y alterar a los profesores.

Más allá de Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie, el resto de nombres famosos del reparto resultan muy secundarios, como Al Pacino, Bruce Dern -sustituyendo al fallecido Burt Reynolds-, Kurt Russell, Michael Madsen o Luke Perry, muy publicitados pero que apenas salen en una escena. De los personajes reales, no tienen mucha presencia en el montaje final ni el Steve McQueen de Damian Lewis -bastante parecido menos en la mandíbula y en los 10 centímetros de altura de más-, Charles Manson o Roman Polanski, apenas unos extras con frase. Tampoco ocupa mucha más cuota de pantalla Bruce Lee -Mike Moh-, aunque seguramente a su hija Shannon no le habría importado que no saliera en absoluto, habida cuenta de cómo lo ridiculiza Tarantino, presentándolo como un fanfarrón al que cualquier oponente puede tumbar en una pelea. La verdad es que sorprende que Tarantino deje en tan mal lugar a Bruce Lee, después de los homenajes en Amor a quemarropa o Kill Bill, con el mono amarillo de La Novia copiado del de Juego con la muerte. Normal que Shannon Lee haya catalogado de caricatura la intervención de su padre. Y hablando de hijas de famosos, la película incluye un verdadero vendaval de ellas, como Maya Hawke, Rumer Willis, Harley Quinn Smith o la mejor de todas, Margaret Qualley. La benjamina de Andie McDowell se luce como la hippy lolita que liga con Cliff Booth y lo lleva al siniestro Rancho Spahn, escenario donde se producen los mejores momentos del film, gracias a esa dilatada secuencia de suspense hitchcockiano, con los hippies de la familia Manson apareciendo de improviso y tan amenazadores como Los pájaros (1963) o los chavales de ¿Quién puede matar a un niño? (1976); una escena cercana al terror que el editor Fred Raskin definió como “La Matanza de Texas con presupuesto”. Si la Qualley hubiera sido más famosa, seguro que le habrían dado la misma visibilidad en el tour promocional que al trío protagonista de DiCaprio, Pitt y Robbie, porque de hecho sale más minutos que ésta en el film y con un personaje en realidad mucho más interesante.


La película está hecha por y para el disfrute personal de Tarantino, y no es difícil imaginárselo viéndola luego en un cine, repantigado con los pies descalzos sobre el asiento de delante, como Sharon Tate contemplándose a sí misma en The Wrecking Crew. Si bien esta autoindulgencia no le afecta demasiado al film y en conjunto  resulta mucho mejor que sus últimos y mediocres trabajos. En este sentido, debo reconocer que uno sale del cine bastante satisfecho, a pesar de las licencias históricas que se toma el amigo Quentin en pos de la justicia poética. Y es que el hecho de que Debra Tate -la hermana de Sharon-, leyera el guión de Tarantino y le diera el visto bueno, prestase joyas suyas para que las luciera Margot Robbie, o que en la escena esa del cine sea la propia Sharon Tate la que salga en pantalla y no la Robbie, son claros spoilers sobre cómo iba a lidiar Tarantino con todo el asunto. Claro que para llegar a la altura de Pulp Fiction a esta película le faltaría Sally Menke, más dosis de violencia divertida y diálogos brillantes, algo que ya se podía sospechar tras ver su trailer, en el que no destacaba ninguna frase con gancho. Yo habría incluido al menos una, que sí recuerda al viejo Tarantino: cuando Rick Dalton le pregunta a la niña actriz “¿te molesta que me siente a tu lado?” Y ella le replica: “No lo sé. ¿Me vas a molestar?”

En definitiva, una fábula idealizada que también nos habla sobre personas que se hacen mayores y sienten que se les escapa su momento, y que resulta lo más interesante que ha rodado Tarantino en años, gracias a la química y el carisma de su pareja protagonista, a la memorable recreación artística o por su carácter de película resumen de toda su carrera; en lo que es también una carta de amor al cine y a la TV de 1969 y a la ciudad de Los Angeles. Aunque con las cláusulas que se autoimpone Tarantino, está por ver si con Érase una vez en Hollywood estamos realmente ante su penúltima película: Kill Bill 1 y 2 las cuenta como una sola -de hecho las unió en 2011 con el remontaje Kill Bill: The Whole Bloody Affair-; y si dirigiera su anunciado guión de Star Trek, tampoco computaría, al ser parte de una franquicia… Ya puestos, yo de él tampoco sumaría la infumable Death Proof como parte de la decena -mejor olvidar que sucedió, como Indiana Jones IV- y así aún tendría espacio para otra más, como por ejemplo Kill Bill 3, con la prometida venganza de la hija de Vernita Green contra Beatrix Kiddo. Seguro que Uma Thurman y Maya Hawke se apuntaban. 

Criticoll

viernes, 24 de mayo de 2019

SPOILERS



A raíz del estreno de la última temporada de Juego de tronos, de los Vengadores: Endgame o de los ruegos de Tarantino en Cannes para que aquellos que ya han visto Érase una vez en Hollywood no cuenten nada de su trama, me veo obligado a escribir acerca de los dichosos spoilers, porque los odio casi tanto como a la gente que los cuenta. Así que, ojo, ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS.

Odio los artículos de webs como elpaís, elmundo o elconfidencial que se sienten con el deber moral de informar en profundidad de cada episodio de Juego de tronos al minuto siguiente de su emisión, pero que a la vez van de superenrollados y comprensivos con la plebe que aún no los ha visto, así que al principio del artículo te avisan muy serviciales: ATENCIÓN SPOILER: A PARTIR DE AQUÍ NO SIGAS LEYENDO. Vale, vale, entendido, gracias. Pero es que… ¡el spoiler está justo en el renglón de abajo, me lo estoy comiendo igual porque está en mi *^·”ª línea de visión, ceporros! Son un falsos, si en realidad se preocuparan por ti y les supiera tan mal revelártelo, harían como en esos WhatsApps -que antes eran mails-, que para dar suspense se leían hacia abajo y había mucho espacio en blanco desde lo del aviso de spoiler hasta el spoiler en sí. La verdad es que no me imagino un artículo en elpais o elmundo con un hueco de esos en blanco, pero oye, podrían aprovechar para meter ahí más publicidad todavía: sería un punto y usuarios como yo lo agradeceríamos.

Otras formas de evitar destripes a simple vista es que el spoiler esté escrito en amarillo o en blanco, y solo lo puedas leer al pasar el ratón por encima y seleccionarlo, o que esté oculto con un botón que haya que clicar para desplegarlo; como hace la gente considerada y que sí merece seguir viviendo, al estilo del foro de eldoblaje.com o filmaffinity. En cambio, hay otros que te avisan ya de entrada: artículo sin spoilers. Ok, gracias, estos van más de frente, me gusta. El problema es que… ¡la foto que te ponen para ilustrar el artículo o el titular del propio artículo ya es un spoiler! Esto incluye también a todos esos youtubers pesados que horas después del estreno de cada episodio de Juego de
tronos ya tenían su puto análisis preparado, con las fotos de los personajes protagonistas del capítulo bien destacadas en la portada.  Como me pasó en el 8x03 con una foto de Arya y al lado otra del Rey de la Noche, que vi de refilón a la mañana siguiente en la columna de la derecha de YouTube, cuando entré sin darme cuenta para otra cosa. Después de ver el capítulo me lo puse, y me di cuenta de que el video se había subido unos días antes de emitirse el episodio, y que todo era una teoría que se había montado el youtuber: encima el tío era adivino o algo.

Y es que, ¿cuánto tiempo ha de transcurrir después de un estreno para que se considere que se pueden contar ya spoilers? Según los hermanos Russo, directores de Vengadores: Endgame, el plazo son 2 semanas. Pues bien, a los cuatro días del estreno de esa película, un cretino de un podcast de ivoox de Juego de tronos soltó a traición spoilers de Endgame sin venir a cuento, sólo porque ya se sentía con derecho a ello: era un martes y para él ya estábamos en plazo, porque habían pasado cuatro largos días desde su llegada a los cines.

Los críticos cinematográficos suelen ser bastante aguafiestas: como ellos ya lo han visto, a los demás que les den. Recuerdo que en el diseño de las críticas en papel de Fotogramas en 2001 había un recuadrito destacado en colores donde cada crítico ponía lo mejor y lo peor que le había parecido de cada película. O sea que, sin leer la crítica, solamente pasando tus ojos por la página, ya lo leías sin querer. Pues bien, al prenda que hizo la crítica de El señor de los anillos: La comunidad del anillo no se le ocurrió otra cosa que poner bien grande “La muerte de Boromir” en lo que él creía que era Lo Peor. ¡¡Hijoeputa, Lo Peor Eres Tú!! Otro crítico del suplemento cultural en papel de El Mundo hablaba una vez en una página entera sobre Million Dollar Baby, y trazaba paralelismos con Mar adentro en un sesudo análisis -sé que lo era porque utilizaba mucho empero- sobre cómo las dos películas venían a ser al final valientes apologías de la eutanasia, porque a este personaje le pasaba como a Ramón Sampedro en aquella, y el otro le ayudaba a morir también, a pesar de ser facha, fíjate tú, y tal y tal. La verdad es que le quedó muy chulo el escrito, lástima que estábamos en febrero de 2004... ¡¡En el mismo fin de semana del estreno de la película, cabronazo!!

Creo que toda esta fijación mía con los spoilers viene de un trauma infantil, ya que a los 9 años completé una colección de 30 tomos sobre la Historia Universal del Cine de la Editorial Planeta, y el editor de dicha colección -que me quedé con su nombre: Emilio C. García Fernández- sin duda era crítico de cine, porque no vacilaba en pegar hachazos de spoilers a diestro y siniestro en cuanto podía y a traición, como si fuera lo más normal del mundo al comentar una película. Por su culpa me enteré, a tan tierna edad y antes de poder verlas, quién era la madre de Norman Bates en Psicosis, qué era Rosebud en Ciudadano Kane, quién fue realmente El hombre que mató a Liberty Valance, o cómo acababan El planeta de los simios y Más allá de la duda, de Fritz Lang… Vaya tela, amigo Emilio, menos mal que ya había visto Solo ante el peligro antes de conocerte, porque probablemente hoy estarías criando malvas, y cualquier jurado con buen gusto y dos dedos de frente me habría absuelto.

Por lo visto ser crítico prestigioso te da bula para contar spoilers, porque en revistas como Caimán o Dirigido Por… los destripes están a la orden del día, incluso al hablar de films de estreno: todo sea por los análisis textuales. Por cierto, una vez hice un curso de críticas de cine y conocí a varios de los tipos que escribían en esas publicaciones, y todos negaron que ellos fueran así; siempre era otro el que contaba los spoilers. Claro, claro… En ese momento habría dado un brazo por recordar el nombre del tipo que firmaba la crítica de ESDLA 1 en Fotogramas o el que escribió aquello sobre Million Dollar Baby, y saber si era el mismo individuo que tenía delante y lo negaba algo apurado mientras le caía una gota de sudor por la sien, rollo el médico de Desafío total.

Aparte de los profesionales que cobran por chafarte una película, luego están los aficionados, esa basca sin mala intención, pero con incontinencia verbal incapaces de guardar un secreto, que no pueden evitar contar detalles de la película o el episodio de turno si tienes la desgracia de que lo hayan visto antes que tú. Ya sea en grupos de WhatsApp -de los que no puedes escapar- o en comentarios de redes sociales como facebook, y que cuando les dices que se corten un poco porque hay gente que no se ha quedado a las 3 de la mañana para ver el episodio en directo, reculan y te dicen que bueno, que en realidad no te han contado nada importante. Se distinguen de los pross porque usan un verbo menos fluido, y deben ser mejores personas porque en el fondo se sienten mal por ser tan cotillas. Eso de saberse en posesión de un secreto que otros aún no conocen es manejar información demasiado privilegiada, y claro, les supera y no pueden evitar largarlo en cuanto tienen ocasión. Estos obviamente no pasarían nunca el corte de PricewaterhouseCoopers para hacer el recuento de los Oscars, y tampoco debe quedar ya ninguno vivo en las filas de masones o illuminatis. Otra señal de que son buenas personas es porque, cuando les dices que no te cuenten ningún puto spoiler más, para intentar arreglarlo empiezan a inventar historias estrafalarias sobre cosas que no han pasado en ese episodio o film, pero que tú no lo puedes saber, porque en teoría no lo has visto. Pues no, no lo he visto, pero sé que es mentira, joder, porque son cosas que no tienen ningún sentido - ojalá el final de Perdidos hubiera sido una de esas trolas absurdas-. Luego está la gente que en principio se solidariza contigo porque también le molesta que le cuenten spoilers, pero que cuando ya ha visionado la película o el episodio de turno, ay, amigo, entonces se transforman como caminantes de The Walking Dead y ya les da igual que se destripen cosas. De hecho, también sueltan algún spoiler si les apetece; total, ellos ya lo han visto y tú aún no, retrasado.


Aunque para mala, mala gente, la tipa que vio El sexto sentido en la misma sesión que yo el día del estreno en 1999 en el Cine Serrano de Valencia, y que, al salir a la calle, no se le ocurrió otra cosa que empezar a gritar a pleno pulmón “¡Bruce Willis está muertoooo!” a toda la cola que daba la vuelta a la esquina. La extrañeza de aquellas almas cándidas luego se tornaría furia y dolor eternos cuando entraran en la sala y comprendieran el significado último de aquellas palabras sin sentido, que una enajenada les había gritado cuando hacían cola como borreguitos, esperando a ser llevados al matadero. Yo mismo estuve tentado de hacer uso de ese gran poder dos años después, al salir de Mulholland Drive en los Cines Albatros y encontrarme de cara con los que esperaban para entrar en la siguiente sesión. Pero soy tan buena persona que, cuando vi esa ilusión de cinéfilo que emanaba de sus expectantes caritas, me vi a mí mismo con 9 años a punto de leer al puto Emilio C. García Fernández, y solo acerté a gruñir por lo bajo: grrr, no me he enterado de nada. Con lo que encima les ilusioné todavía más, porque, tratándose de David Lynch, más que un spoiler aquello era todo un cumplido.

Criticoll


domingo, 10 de marzo de 2019

LAS PELÍCULAS DE LOS OSCARS: ROMA



Ganadora de 3 Oscars: Mejor Director, Mejor Fotografía, Mejor Película Extranjera -todos para Alfonso Cuarón-.

Con Roma tengo sentimientos encontrados. Por un lado, para poder verla entera tuve que hacerlo en varios tramos, como supongo que hicieron el 90 % de los académicos que la vieron en su casa y votaron en los Oscars, eso si llegaron a acabarla alguna vez. El escollo de sus soporíferos 15 primeros minutos suponía una prueba de fuego que separaba a los niños de los hombres: no en vano, empezaban con un plano fijo de cuatro minutos de un suelo al que le echaban agua para fregarlo, y terminaban con el detalle de una rueda de coche aplastando una caca de perro en todo su esplendor. Algo que era como para decirle a Cuarón: ok, tío, hasta aquí, lo he intentado, y darle al stop. Si eso es lo que entendía el director mexicano por un plano preciosista, a mí me parecía justo lo que estaba aplastando la rueda; y si tanto quería hacerse el cool, que se hubiera atrevido a meterlo en el trailer. Pero de pronto recordé que en peores plazas habíamos toreado -una vez vi todas las películas de la Sección Oficial de la Mostra de Valencia-, así que pensé que si me armaba de paciencia y lograba cogerle el punto a la historia, igual hasta podría gustarme y todo. Así que decidí retomarla otro día y debo decir que me alegro, porque a partir de ese primer cuarto de hora Roma remontaba el vuelo y empezaban a pasar cosas en ella que hacían que ya no estuviera uno tan pendiente del reloj, y que al final -hay que reconocerlo- elevaban el film a un nivel muy superior al del resto de películas nominadas. En efecto, nunca pensé que fuera a hacerme del team Roma, pero lo cierto es que, comparada con las otras cintas que optaban a la estatuilla, la película de Cuarón ofrecía en conjunto mucho más cine en estado puro que sus rivales, ya fuera por la fluidez de sus movimientos de cámara, sus virtuosos planos secuencia, la impresionante dirección artística que recreaba 1971 con gran exactitud, la belleza de su fotografía -salían más cacas de perros, pero ya no en plano detalle- o la frescura de su actriz protagonista, Cleo -la amateur Yalitza Aparicio-.

Gracias a Cuarón y a sus recuerdos infantiles, la película permitía revivir detalles curiosos de otra época, como que en los cines se corrían las cortinas de la pantalla en cuanto se acababa una película y se proyectaban sobre ellas los títulos de crédito. Además, mediante esas escenas, Roma cumplía con la regla no escrita de que toda candidata al Oscar debe tener una secuencia con sus personajes viendo una película clásica dentro de un cine, que aquí resultan ser dos: La gran juerga (1966) y Atrapados en el espacio (1969), con la que Cuarón parecía auto-homenajearse al elegir unos planos muy similares a los de Gravity, y que algún twittero cegato creía que procedían de su propia cinta espacial de 2013, al confundir a David Janssen con George Clooney. Así mismo, es de justicia destacar otras secuencias tan impresionantes como la del parto -resuelta en un sencillo plano fijo- y en la que Cuarón empleó médicos y enfermeros profesionales para darle más realismo; o la del clímax en la playa, un travelling lateral donde la cámara volaba sobre el agua de manera espectacular, y que confirma la querencia del director mexicano por acabar todas sus películas en el mar.


Pero a pesar de las virtudes de Roma, el desplante de la academia al elegir la socorrida vía feel good movie con Green Book parecía claro, pues, pensándolo fríamente, no me imaginaba al target más numeroso de los académicos -hombres maduros anglosajones- premiando a una película mexicana sin estrellas famosas, hablada en español, en blanco y negro, con unos 15 primeros minutos matadores y que encima sólo pasó una semana por los cines USA para cumplir el expediente, porque era de Netflix... Imposible, siempre hubo clases, y si no que se lo digan a la pobre Yalitza Aparicio, humillada por sus propias compatriotas actrices por su condición de indígena. Encima, la postura de Spielberg -Gobernador de la Academia de Cine por la rama de directores- y enemigo acérrimo de que películas de plataformas de Video On Demand opten a los Oscars, acabó por sentenciar el asunto. Y es que si el todopoderoso director de El puente de los espías ya movió hilos para que le dieran el Oscar como Mejor Actor Secundario al mediocre Mark Rylance en detrimento de la abrumadora popularidad y merecimiento de Rocky-Stallone, ¿cómo no iba a lograr con su influencia que los pocos académicos indecisos que quedaban no votaran a Roma?... Seguro que no hizo ni falta que les enseñara el plano de la rueda chafacacas del garaje.

Criticoll

martes, 5 de marzo de 2019

LAS PELÍCULAS DE LOS OSCARS: GREEN BOOK



Ganadora de 3 Oscars: Mejor Película, Mejor Actor Secundario -Mahershala Ali-, Mejor Guión Original.

Green Book fue la solución hecha película para todos aquellos académicos de la vieja escuela reacios a votar a Roma, ya fuera por su condición de película mexicana, en blanco y negro, hablada en español o de Netflix. Darle el Oscar era el recurso fácil y así sucedió, y la cosa se veía venir después de que ya ganase en septiembre el Premio del Público en Toronto o en enero el Globo de Oro -aunque a la Mejor Comedia o Musical ¿?-. Y es que el film de Peter Farrelly no está mal, es entretenido y tiene buenas interpretaciones, pero es muy poco arriesgado y previsible, la típica película resultona con todos los ingredientes necesarios para agradar a la audiencia mainstream como lo eran Argo o El discurso del rey: cintas bienintencionadas que no molestan, con un ojo puesto en la taquilla y otro en los Oscars, como prefabricadas en un laboratorio pero que vistas años más tarde pierden bastante, hasta el punto de que uno no se explique muy bien cómo llegaron a ganar la estatuilla. Claro que yo casi prefiero esta clase de films a esos otros que por tratar temas sociales o trascendentales ya se creen con derecho a ganar y aburrir a partes iguales, estilo 12 Años de esclavitud, Spotlight o Moonlight.

Green Book está basada en hechos reales, en el viaje que compartieron por el profundo Sur en 1962 el pianista Don Shirley -Mahershala Ali- y Tony “Lip” Vallelonga -Viggo Mortensen- un rudo italoamericano al que contrata el primero para que le haga de chófer y guardaespaldas, ya que, por su condición de negro, algún problema barruntaba que habría en Alabama o Louisiana… Aunque al principio los dos hombres mantienen muchas diferencias, ¡oh, sorpresa! poco a poco aprenderán a respetarse y entablarán una hermosa amistad.


Quién iba decir hace 25 años que uno de los directores de comedias tan gamberras como Dos tontos muy tontos ganaría un día el Oscar... Pero lo cierto es que este Green Book de Peter Farrelly no es muy diferente en el fondo a su obra maestra de 1994 o a Vaya par de idiotas: se trata de otra road movie con dos personajes principales condenados a entenderse y que sacan una lección moral de sus vivencias en el camino, mientras cambian de Estado o son parados por la policía. Aunque el mayor de los Farrelly no sea muy diestro con la cámara -no recuerdo un solo plano memorable en todo el film- al menos aquí confirma lo de ser un buen director de actores, extrayendo sólidas interpretaciones de su pareja protagonista, tanto del oscarizado Mahershala Ali como de Viggo Mortensen, que es en realidad quien roba la película gracias al personaje de Tony Lip, un rol mucho mejor escrito que el de Shirley al ser el hijo de Tony uno de los guionistas y productores. El actor neoyorquino se preparó a conciencia para el papel, conviviendo en el Bronx con la familia italiana de Lip y engordando 9 kilos a base de pizza y pasta, aunque yo creo que durante el rodaje aumentó algunos más -en la escena de la competición de perritos calientes, a pesar de la elipsis por lo visto se zampó 15-. De hecho, no recomiendo ver esta película con hambre, porque Viggo Mortensen se la pasa comiendo todo el rato. Yo creo que si no hubiera estado Rami Malek, probablemente Viggo habría ganado el Oscar; por un papel que también le habría venido como anillo al dedo al Sylvester Stallone de hace 22 años, recién salido de Copland.

Es irónico que, a pesar de estar basado en un libro, Green Book ganara el Oscar al Mejor Guión Original, cuando las situaciones y las escenas que plantea no son muy originales que digamos, pues la película es bastante previsible en su historia y desarrollo. Quizá a los académicos les gustaron frases inspiradoras que se oyen de vez en cuando en los diálogos, como “el mundo está lleno de gente sola que teme dar el primer paso”, o “el genio no es suficiente: hace falta valor para cambiar corazones.” Mejor no pensar en detalles incongruentes de guión relacionados con una piedra verde y una pistola, destinados a sorprender gratuitamente al espectador… Por cierto, que al final no todo el mundo picó con Green Book, ya que Barak Obama no la puso en su lista de 15 películas favoritas del año; aunque eso tampoco dice mucho acerca del gusto cinematográfico del ex-presidente USA, que sí que incluyó entre sus elegidas a Black Panther o Infiltrados en el KKKlan, supongo que para cumplir con el inevitable cupo racial.

Criticoll

lunes, 18 de febrero de 2019

LAS PELÍCULAS DE LOS OSCARS: HA NACIDO UNA ESTRELLA



Nominada a 8 Oscars: Mejor Película, Mejor Actor -Bradley Cooper-; Mejor Actriz -Lady Gaga-; Mejor Actor Secundario -Sam Elliott-; Mejor Guión Adaptado; Mejor Canción Original -Shallow-; Mejor Sonido; Mejor Fotografía.
Ganará seguro: Mejor Canción Original.

Si echamos la vista atrás a Septiembre de 2018, Ha nacido una estrella se postulaba a priori como una de las dos grandes favoritas a los Oscars junto con First Man. Pero desde entonces han pasado muchas cosas que han hecho variar esa apreciación: el biopic de Damien Chazelle sobre Neil Armstrong se quedó en el camino por rollero y la ópera prima de Bradley Cooper se ha ido deshinchando poco a poco en las apuestas, siendo adelantada por cintas menos convencionales como Roma o La favorita -las 2 más nominadas- así como por sleepers del estilo de Green Book o Bohemian Rhapsody, que ya la dejó sin premio en los Globos de Oro, dándole una pista poco halagüeña sobre sus aspiraciones reales en los Oscars.

Y eso que A Star is Born 2018 venía de una gran recepción crítica en Venecia y con el pedigrí de ser la cuarta versión del mítico argumento ideado por William A. Wellman y Robert Carson en 1937, por el que ambos ganaron el Oscar al mejor guión original. Sin embargo, las otras dos adaptaciones posteriores son más famosas: la de George Cukor en 1954 con Judy Garland y James Mason, y la de 1976 dirigida por Frank Pierson con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, que cambiaba el cine por la música para contar la misma historia; la de una joven promesa descubierta por una vieja gloria alcohólica, que se casa con ella y ve cómo su carrera se apaga mientras que la de su esposa sube, hasta ocupar su lugar en la cima. La película de Bradley Cooper, al estar ambientada en el ámbito musical, es bastante parecida a la de 1976, aunque es mucho más entretenida y mantiene un buen ritmo de interés durante todo su metraje, lo que hace que se pase en un suspiro; algo que tanto el film de Pierson como otras candidatas a mejor película de este año no podrían decir -hola, Roma-.


Este largometraje en principio iba a ser dirigido en 2011 por Clint Eastwood -que tenía en mente a Beyoncé como protagonista-, aunque al final ambos se desentendieron, si bien Clint le habló del proyecto a Bradley Cooper en el rodaje de El francotirador. El actor se interesó lo suficiente como para hacer de él su debut como director, y con la entrada de Lady Gaga la ecuación se completó. Aunque la diva tuvo que pasar un casting previo, la balanza se decantó finalmente por ella ya que aportaba el extra de su talento como compositora, y se le hizo el encargo de escribir canciones nuevas expresamente para la película. Lo cierto es que Cooper y Gaga transmiten una química especial en la pantalla -estos se liaron seguro- y el resultado final de A Star Is Born no es nada desdeñable, dando la impresión de que se le podía sacar mucho partido a un nuevo remake situado en la época actual, como así ha sido. Pensemos en la escena de la humillación pública de Ally a cargo de Jackson en los Grammys, mucho más escalofriante en estos tiempos digitales de postureo y YouTube… Esos momentos de tierra, trágame que ahora con internet quedan grabados para siempre, y capaz de hundir cualquier reputación, como le dice el manager de Ally a Jackson en un demoledor diálogo: “Casi acabas con su carrera tú solito. Sólo por seguir casada contigo queda como el puto culo.” Al film le favorece así mismo el buen manejo con la cámara que demuestra Cooper, con una puesta en escena preparada a conciencia. De este modo, Ally-Gaga aparece filmada en primer plano desde el principio de la película, incluso cuando está en el baño, como si la cámara tuviese vida propia y supiese que ella tiene madera de estrella -Ally mira a la cámara directamente en ocasiones, Jackson la rehúye al ser un hombre atormentado-; o que el punto de vista esté siempre situado sobre el escenario durante las actuaciones musicales, que por cierto están todas rodadas con sonido directo; la otra candidatura que Ha nacido una estrella tiene grandes posibilidades de concretar, con permiso de Bohemian Rhapsody.

Sin embargo, no creo que el film tenga opciones en las categorías interpretativas. Bradley Cooper está correcto en su interpretación y se defiende bien cantando, pero nunca llegamos a entender el origen de los demonios interiores que atormentan tanto a Jack, y como la he visto doblada no sé si en inglés Bradley Cooper tiene todo el rato esa voz de colgado tan molesta que pone en el doblaje Sergio Zamora, hasta cuando se supone que está sobrio -para comparar, Zamora dobla también a Rami Malek en un registro totalmente distinto en Bohemian Rhapsody-. En cuanto a Lady Gaga, todo el mundo parece haberla descubierto ahora como actriz, cuando lo cierto es que ya obtuvo un Globo de Oro de TV por hacer de vampira en American Horror Story: Hotel. Gaga ha conseguido cerrar las bocas que entonces se burlaron de ella -como Leo DiCaprio-, aunque no creo que le quite el Oscar a Glenn Close u Olivia Colman: su personaje no está tan bien escrito -no se entiende su agresión al policía que le pide un selfie a Jackson-, y también se echa de menos una escena al final que muestre todo su dolor tras enterarse de la desaparición de Cooper, solventada con una socorrida elipsis quizá porque Gaga no lograba transmitir esa intensidad. En cuanto a las posibilidades de Sam Elliot como secundario, creo que son bastante nulas: sale en pocas escenas y sorprende que haya alcanzado la nominación, que huele a homenaje a su carrera por los cuatro costados. Aunque, al menos, su personaje tiene la oportunidad de expresar una bella reflexión acerca de la creación artística, en este caso sobre la música: “12 notas dentro de una octava que se repiten. Es la misma historia contada una y otra vez. Hasta el infinito. Todo cuanto un artista puede ofrecer al mundo es su forma de ver esas 12 notas. Nada más.”

Donde Lady Gaga sí tiene todas las papeletas  para llevarse un Oscar -tal y como hizo Barbra Streisand por Ha nacido una estrella en 1976- es como compositora en la categoría de Mejor Canción Original gracias a Shallow, un tema que posee la cualidad de las grandes canciones -como decía el Jeff Bridges de Corazón rebelde-, de que desde la primera vez que la escuchas sientes que ya la has oído antes. Espero que los otros tres compositores de Shallow hayan ido al servicio y no estén demasiado colocados cuando suban a recoger la estatuilla, no vaya a ser que tengamos un momento de metacine y les pase lo mismo que a Bradley Cooper en la película. Ahora que lo pienso, lo que podría haber hecho la Academia para cubrirse las espaldas es entregar esta categoría también durante la pausa de publicidad, como iban a hacer con la fotografía, el montaje, el maquillaje y los cortos de imagen real; las cuatro categorías marginadas, según las malas lenguas, al ser las únicas donde la Disney -dueña de la cadena ABC, que retransmite la gala- no tenía ninguna película nominada. En cualquier caso, digo que “iban” porque, como se veía venir ante la respuesta negativa tan generalizada, la Academia ha reculado de nuevo con otra de sus ideas de bombero y al final ningún Oscar se entregará durante los anuncios…

Criticoll

sábado, 9 de febrero de 2019

EN LA MUERTE DE ALBERT FINNEY

El prestigioso actor británico Albert Finney falleció el 7 de febrero a los 82 años de edad en Londres. Finney, nacido el 9 de mayo de 1936 en Salford, Greater Manchester, estuvo 5 veces nominado al Oscar durante su larga e inspiradora carrera.

Su ficha tal como aparece en imdb traducida al español es la siguiente:

"Albert Finney era hijo de un corredor de apuestas de Lancashire, y llegó a las películas a través del teatro. En 1956 ganó una beca para la RADA (Royal Academic of Dramatic Arts), donde tuvo como compañeros a Peter O'Toole y Alan Bates. Posteriormente, Finney fue miembro de la Royal Shakespeare Company y se labró una reputación en las tablas como "el nuevo Laurence Olivier", llamando posteriormente la atención de la crítica por el papel principal de Billy Liar, de Keith Waterhouse, en escenarios de Londres. Su debut en el cine fue en El animador (1960) de Tony Richardson, con quien ya había trabajado en el teatro, y donde coincidió con su admirado Olivier. Con el énfasis cambiante en el cine británico de los 60 hacia el realismo áspero de la clase trabajadora, los personajes típicos de la pantalla de Finney de esta época fueron mayoritariamente  tipos proletarios y antihéroes rebeldes, personificados en el Arthur Seaton en Sábado noche, domingo mañana, de Karel Reisz (1960), el primer rol por el que dejó huella. Tras rechazar el papel de Lawrence de Arabia, su consagración vino con Tom Jones (1963) donde Finney reveló un talento sustancial para la comedia y fue nominado al Oscar por primera vez. En la misma línea, se anotó otro éxito junto a Audrey Hepburn en la encantadora comedia matrimonial Dos en la carretera (1967), de Stanley Donen.

Para 1965, Finney se había expandido a la producción, formando Memorial Enterprises junto con Michael Medwin. En 1968 se dirigió a sí mismo en Charlie Bubbles (1968) y tres años más tarde produjo un homenaje a Raymond Chandler, Detective sin licencia (1971), de Stephen Frears, donde interpretaba a Eddie Ginley, un comediante de night-clubs con aspiraciones a detective privado. De 1972 a 1975, Finney se desempeñó como director artístico del Royal Court Theatre. Sus incursiones intermitentes en la pantalla lo confirmaron como un actor internacional versátil y notable, aunque no lo que uno podría describir como una estrella de cine. Sus roles variaron desde el Ebenezer Scrooge en la versión musical de Muchas gracias, Mr. Scrooge (1970) hasta el Daddy Warbucks de Annie (1982) o -casi irreconocible por el maquillaje- el Hercule Poirot en Asesinato en el Orient Express  (1974). Así mismo apareció como el Ministro de Policía Joseph Fouché en el excelente drama de Ridley Scott Los duelistas (1977) y como un grandilocuente actor de Shakespeare en La sombra del actor (1983) por el que recibió otra nominación al Oscar. Para la televisión, Finney interpretó al papa Juan Pablo II (1984) y fue un Winston Churchill totalmente creíble en la aclamada Amenaza de tormenta (2002), por la que ganó un Emmy, un Bafta y un Globo de Oro. Su último crédito cinematográfico fue en el thriller de James Bond, Skyfall (2012).

Finney fue cinco veces nominado para los Premios de la Academia en 1963, 1974, 1983, 1984 y 2000 . Ganó dos Premios BAFTA en 1960 y 2003. Fiel a sus raíces de clase trabajadora, rechazó un CBE en 1980 y un título de caballero en 2000. Más tarde, explicando su decisión al afirmar que "eso del Sir perpetuaba ligeramente una de nuestras enfermedades en Inglaterra, que es el esnobismo". Albert Finney fue diagnosticado con cáncer de riñón en 2011. Murió el 7 de febrero de 2019 en un hospital de Londres a causa de una infección de tórax a la edad de 82 años."


Recordemos cuáles fueron las interpretaciones que llevaron a Albert Finney a las puertas del Oscar de Hollywood:


1ºNOMINACIÓN: 1963

Mejor Actor Principal por Tom Jones.
Perdió ante Sidney Poitier -Los lirios del valle-.

Si bien le supuso un Globo de Oro, el recordado papel de Tom Jones no le valió a Albert Finney alcanzar el Oscar al Mejor Actor, aunque la película -una adaptación de la clásica novela picaresca de Henry Fielding- sí que se alzó con el premio a la Mejor Película del año, desbancando a Cleopatra o Hud y alcanzando un total de 4 estatuillas. En plena época de lucha por los Derechos Civiles, la Academia de Hollywood prefirió posicionarse políticamente y premiar a Sidney Poitier, el primer actor negro que conseguía el galardón.


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2º NOMINACIÓN: 1974

Mejor Actor Principal por Asesinato en el Orient Express (Murder At The Orient Express)
Perdió ante Art Carney -Harry y Tonto-.

Irreconocible bajo un espeso maquillaje que le caracterizaba como el detective Hercules Poirot, Finney logró su segunda nominación al Oscar gracias a este film de Sidney Lumet, adaptación de la famosa novela de Agatha Christie con un reparto plagado de estrellas, de las cuales Ingrid Bergman se alzó con el Oscar a la Mejor Actriz Secundaria, el único galardón que se llevó este largometraje de sus 6 candidaturas. La estatuilla al Mejor Actor, para Art Carney, constituyó una de las grandes sorpresas de la historia de los Oscars, pues nadie imaginaba que este actor televisivo pudiera imponerse a interpretaciones tan recordadas como las de Finney-Poirot, Jack Nicholson en Chinatown, Al Pacino en El padrino II  y Dustin Hoffmann en Lenny.


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3º NOMINACIÓN: 1983

Mejor Actor Principal por La sombra del actor (The Dresser)
Perdió ante Robert Duvall -Gracias y favores-.

El Oso de Plata en el Festival de Berlín fue la consolación que obtuvo Finney ante una nueva derrota en los Oscars, esta vez frente al cantante country al que encarnaba Robert Duvall. La gran interpretación del compañero de reparto de Finney, Tom Courternay -ganador ex aequo junto con Duvall del Globo de Oro al Mejor Actor de Drama- sin duda dividió el voto entre ambos coprotagonistas. La sombra del actor, dirigida por Peter Yates, no logró ningún Oscar a pesar de sus 5 nominaciones, y narra las relaciones que se establecen entre un tiránico actor de teatro y su sirviente, con el marco del Londres de la Segunda Guerra Mundial de fondo.


(Video: YouTube)

4º NOMINACIÓN: 1984
Mejor Actor Principal por Bajo el volcán (Under The Vulcano).
Perdió ante F. Murray Abraham -Amadeus-.

Tampoco corrió mejor suerte Albert Finney en 1984, aunque viniera de la mano de John Huston y de Bajo el volcán, la famosa novela con fama de infilmable de Malcom Lowry. En un año claramente dominado por el Amadeus de Milos Forman -que le valió el Oscar a F. Murray Abraham-,  quien sí tuvo motivos para lamentar su mala suerte fue el depositario de la otra nominación de Bajo el volcán: el músico Alex North, que sufrió con este film su 15ª derrota en los Oscars. La Academia, sin duda arrepentida, le concedió al año siguiente una estatuilla honorífica.


(Video: YouTube)

5º NOMINACIÓN: 2000
Mejor Actor de Reparto por Erin Brockovich
Perdió ante Benicio del Toro -Traffic-

La última nominación en la carrera de Albert Finney llegó en una categoría desconocida para él: la de Mejor Actor Secundario. Finney fue galardonado en los Screen Actors Guild Awards pero sucumbió en los Oscars ante el Benicio del Toro de Traffic. Un duelo algo fraticida, ya que del Toro también había sido dirigido por Steven Soderbergh en esta película y Finney tenía en ella así mismo un pequeño papel. Por su parte, Erin Brockovich fue candidata a 5 Oscars y se alzó con el Premio a la Mejor Actriz Principal para Julia Roberts.



(Video: YouTube)

Otras interpretaciones recordadas de Albert Finney tuvieron lugar en Annie (1982) de John Huston, adaptación del famoso musical de Broadway en el que el actor demostraba sus dotes para el canto y el baile; Muerte entre las flores (1990) prestigioso noir de Joel Coen; The Playboys (1992) una pequeña gran película irlandesa a reivindicar de  Gillies MacKinnonLa versión de Browning (1994) remake de Mike Figgis del film de Anthony Asquith de 1951, basado en la obra de Terence Rattigan; Washington Square (1996), remake de La heredera de Wyler, dirigido por Agnieszka Holland y basada en la novela de Henry James; Big Fish (2003) obra maestra de Tim Burton  en la que Finney compartía personaje con Ewan McGregor; El ultimátum de Bourne,de Paul Greengrass y Antes que el diablo sepa que has muerto (2007) magistral canto de cisne de Sidney Lumet  .

OBITUARIO DE ALBERT FINNEY EN WEBS DIVERSAS

La ficha de Albert Finney en filmaffinity ya recoge su deceso, así como la de wikipedia. Y aquí tenemos el enlace de la revista Empire donde aparece su obituario.

Por su parte, el British Films Institute (BFI) también tuvo un recuerdo para este gran actor, así como la revista Variety, y el Hollywood Reporter. 

La noticia así mismo ha tenido un amplio alcance en webs de revistas españolas de cine, como Fotogramas y Cinemanía, y el blog No solo cine.

Las cadenas de televisión nacionales e internacionales recogieron el deceso de Finney. Aquí vemos la noticia en la web de RTVE, o en Antena 3, y aquí en CNN, BBC y CBS.

También apareció en webs de diarios digitales de tirada nacional, como El País, El mundo, ABC, demostrándose que con Albert Finney estábamos ante uno de los grandes del cine, y que al menos nos ha dejado sus películas para poder seguir recordándolo, como en esta emotiva escena final de Big Fish, en la que su personaje tenía la mejor despedida posible. Descanse en paz.



Criticoll